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El Agente Topo y la vida en una película

Por Patricia González @lacoquets x Gacel Magazine

El aviso en los clasificados de un diario gatilla la curiosidad de distintos candidatos. La oferta: empleo para personas entre 80 y 90 años.

Ese enunciado es la punta de lanza de la historia y el comienzo de la aventura de Sergio camino a convertirse en el espía de la más particular de las operaciones. 

Un inicio que ya nos atrapa frente a la pantalla y que poco a poco, a través de los ojos de un entrañable personaje, nos irá llevando por un relato que transita por todas las emociones posibles.

La misión: ingresar a un hogar de ancianos como un inquilino más y a través de diversas técnicas de espionaje despejar las dudas y sospechas de su cliente, una mujer que con suspicacia y recelo tiene como objetivo profundizar en los reales cuidados que se le están prestando a su madre. Toda una operación de inteligencia a cargo de un espía inexperto, de edad avanzada y que tendrá que aprender de tecnología para realizar sus reportes diarios.

Cómo, al ir avanzando la historia, la atención se desvía hacia el nivel de involucramiento y sensibilidad de Sergio, eso es otro cuento. Uno muy bien contado, por cierto.

En estos meses de pandemia, el cine ha tenido varios cambios en su forma de consumo, tantos, que se nos ha olvidado cómo disfrutarlo. Tantos, que vemos películas y series como si de retail se tratara, como si tuviésemos una necesidad de atiborrarnos de contenido. Queremos satisfacernos con una producción audiovisual sin la parsimonia que amerita todo el trabajo que hay detrás de ella.

Por eso el cine documental es tan refrescante como la vida misma, y tan saboreable como aquello que entra a la boca y a medida que lo vas tragando se va convirtiendo en algo más, algo que te deja el sabor de las verdades, felices o dolorosas, cómicas o amargas, pero siempre inequívocas: “Esto es”, “esto realmente sucedió”. La dirección de un documental es como el trabajo de un chef: preparar los ingredientes para generar un punto de vista de la realidad y en el caso de El Agente Topo, el plato está presentado con sutil crudeza y singular sensibilidad, muy propios de la directora Maite Alberdi.

¿Cómo se vive la última etapa de la vida entre pares y paredes? Esta película nos invita a mirar la vejez y su espacio en la sociedad, con impronta fresca y muy lejos de los lugares comunes. Una crítica a la arrogancia juvenil, aceptando que no todas las historias se tratan de nosotros.  

El Agente Topo es un film que rescata la singularidad de cada personaje y cómo cada uno, a su manera, transita por conceptos como la memoria, las despedidas, la dignidad, el encierro, el amor romántico (correspondido o no), los duelos, la picardía y el espíritu que aún vibra, desde el desgaste de un cuerpo cansado.

Con gran sentido estético los detalles también van construyendo: dedos de manos arrugadas que golpetean rítmicamente los bits de una canción conocida, iconografía religiosa, prendas que vuelan en los tendederos, manualidades en las paredes y ágiles jóvenes cuidadores que corren por los pasillos, en contraste con la lentitud de los pasos de los residentes. Maite Alberdi se ha destacado por su cine documental, y esta vez nos muestra cómo el drama se une con la comedia y la sabiduría, cómo se van encadenando las conversaciones, los desencuentros, los coqueteos, las mentiritas piadosas, los poemas en rimas y las celebraciones. Un constante ir y venir entre un día que se sucede con otro, la lentitud de pasos octogenarios que caminan entre la espera, la paciencia y la ansiedad. Un todo genialmente expuesto en un montaje ágil y dinámico.

Instalada en mi sofá con un chocolate en la mano, reemplazos pandémicos de las butacas y las cabritas, vi Agente Topo de principio a fin. Me emocioné – hasta las lágrimas y hasta las carcajadas – con la espectacularidad de la vida misma.

En los créditos recordé a mi madre – supongo que a muchos les pasará -, pensé en la belleza de cada etapa de la vida, en la memoria y cómo luchamos para mantenerla, imaginé a mis amigos, me imaginé a mí y luego vino un silencio, un silencio para una de esas películas que no duran solo una hora y media, sino que se extienden en preguntas personales y luego, en preguntas sobre la producción misma y su realización.

Cierro mi computador y corro a recomendar esta película, porque sin importar el tamaño de la pantalla que tengas ante tus ojos, es una experiencia grandiosa. (Mientras se escribía esta nota, se dio a conocer la noticia de que El Agente Topo será nuestra representante en los próximos premios Oscar 2021. O sea…)

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